Niño Jesús de Praga
La historia de la estatuilla del Niño Jesús de Praga comenzó a escribirse hace cuatrocientos años en España, de donde el Niño Jesús llegó a Praga. La estatuilla original ha permanecido desde entonces en su iglesia en la Ciudad Pequeña, adonde peregrinos de todas partes acuden a visitarla. Su fama y la devoción que le rodea pronto empezaron a difundirse más allá. Primero, desde mediados del siglo XVIII, hacia los países del antiguo Imperio Austriaco, y luego, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, sus copias viajaron por todo el mundo. Los españoles y portugueses llevaron imágenes y estatuillas del Niño Jesús a través del océano Atlántico hacia los países coloniales de América del Sur. Gracias a los misioneros y a los inmigrantes europeos, el Niño Jesús también es conocido en India, China, Corea, Filipinas y América del Norte.
Según las fuentes, la estatua del Niño Jesús tiene su origen en España. Es probable que fuese tallada en España en algún punto de la segunda mitad del siglo XVI o antes. La leyenda cuenta que el Niño Jesús se apareció milagrosamente a un monje, quien creo la estatua a partir de su visión. Una leyenda diferente dice que la estatua pertenecía a Santa Teresa de Jesús, que veneraba enormemente la infancia de Jesús y difundió la veneración al Niño Jesús por España. Se dice que ella la dio la estatua a una amiga cuya hija se iba a casar en Praga.
Se sabe con certeza que la estatua del Niño Jesús fue traída a Praga por la duquesa Española María Manríquez de Lara, que se casó con Vratislav de Pernstein en 1556. Más tarde, ella dio la estatua a su hija Polyxena de Lobkowicz como regalo de bodas. Ella veneraba la estatua y obtuvo consuelo y ayuda de ella en numerosas ocasiones.
Polyxena de Lobkowicz donó la estatua como regalo para el monasterio de los Carmelitas Descalzos en la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria. Los Carmelitas pusieron la estatua en la capilla del noviciado para que los jóvenes monjes aprendieran las virtudes del Niño Jesús. Los novicios recibieron positivamente la estatua y realizaban cada día sus oraciones ante ella. Después, el noviciado se clausuró en Praga y la veneración del Niño Jesús casi desapareció.
En 1631 los sajones tomaron Praga. Los Carmelitas huyeron del monasterio, que fue saqueado y la estatua del Niño Jesús sufrió daños y fue tratada como un objeto sin valor.
Los monjes volvieron a Praga en 1637. Con ellos se encontraba el Padre Cirilo de la Madre de Dios, originalmente de Luxemburgo, que recordaba sus años como novicio y la poderosa intervención del Niño Jesús. Él encontró la estatua entre unos trastos viejos. Con gran pena, se dio cuenta de que los dos brazos se habían roto. Durante el rezo, escuchó decir al Niño Jesús: “ten piedad de mí y yo tendré piedad de ti. Dame mis brazos y yo te daré mi paz. ¡Te bendeciré tanto como tú me veneres a mí!” Al final, el Padre Cirilo fue capaz de dar unos nuevos brazos al Niño Jesús.
El Niño Jesús comenzó a bendecir al monasterio, a la gente local y a toda la ciudad de Praga. Se le acreditan curaciones milagrosas y, entre otras cosas, se dice que salvó a Praga durante el asedio sueco en 1639. En aquella época, la estatua se encontraba en el coro, donde los creyentes no podían venerarla públicamente.
En 1641, la estatua se movió a una capilla en la iglesia, a la izquierda tras la entrada (hoy Capilla de la santa Cruz). En 1651, la estatua se llevó en procesión por las iglesias de Praga.
En 1655, la estatua fue coronada por el Obispo de Praga. El número de milagros y peticiones cumplidas siguió aumentando.
La capacidad de la capilla dejó de ser suficiente. Multitud de admiradores bloqueaban la entrada a la iglesia. Por esta razón, en 1741 la estatua se llevó a su localización actual, a la derecha en la parte central de la nave de la iglesia. En 1776, se construyó un altar digno para la estatua.
La emperatriz María Teresa donó personalmente una túnica bordada para el Niño Jesús en 1754. La veneración del Niño Jesús de Praga comenzó a expandirse a otros países del antiguo Imperio Austriaco.
En 1776, se construyó un altar digno para la estatua. Ambas paredes del camarín están cubiertas con placas en agradecimiento por las intervenciones.
El sucesor al trono, José II (1780-1790), inició una campaña contra los monasterios y la religión de la gente común. El monasterio carmelita de Malá Strana fue abolido como parte de las reformas de José. La iglesia y el altar del Niño Jesús entraron en decadencia.
La restauración del altar en 1879 tuvo éxito, pero el Niño Jesús tuvo que pedir el dinero para la restauración personalmente. Hizo un peregrinaje por los conventos femeninos de Praga con una bolsa para ofrendas. Se recolectó la suma necesaria de dinero y al mismo tiempo resucitó la veneración por el Niño Jesús. Noticias de milagros llegaban desde todo el imperio austrohúngaro.
El 300 aniversario de la veneración del Niño Jesús fue señalado con gran esplendor. El Niño Jesús también recibió mucha atención de los participantes del Congreso Católico de 1935. En el paso del siglo XIX al XX la veneración por el Niño Jesús de Praga se extendió por todo el mundo milagrosamente. Creció especialmente en España, de donde es originario. Los españoles y portugueses cruzaban el Océano Atlántico con imágenes y estatuas del Niño Jesús, a los países de Sudamérica. Gracias a los misioneros, colonos e inmigrantes europeos, el Niño Jesús de Praga es conocido en India, China, Filipinas y Norteamérica.
Debido a las dictaduras nazi y comunista, la veneración fue silenciada durante más de 50 años. De todas maneras, todavía muchos peregrinos viajaban para ver al Niño Jesús, principalmente desde países de habla hispana.
En 1993, los Carmelitas Descalzos regresaron a la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria. La veneración por el Niño Jesús volvió a nacer.
El acontecimiento más importante sin duda fue la visita del Papa Benedicto XVI en 2009. En su discurso, el Papa dijo que el Niño Jesús de Praga demostraba la cercanía y el amor de Dios a través de su ternura infantil. El Papa rezó por los niños que son víctimas de la violencia y de cualquier forma de abuso. También rezó por las familias que sufren rupturas e infidelidades. Ofreció una corona al Niño Jesús como regalo.